París / Exuberante por los cuatro costados

"Al otro lado de la balanza, encontramos París. Esa ciudad, tal vez porque no se acaba nunca y porque, además, es maravillosa, puede con todo, puede con todas las causas que el hombre encuentra para ser infeliz (...) ¿Qué hacía, Dios mío, desesperado en París? No se podía ser más imbécil".

Así describe Enrique Vila-Matas su juventud absurda en un París en el que Hemingway, por el contrario, dijo que había sido "muy pobre y muy feliz". La historia de la literatura está plagada de auténticos tratados sobre la ciudad disfrazados en novelas. Cada uno de sus rincones evoca hasta al viajero más despistado miles de referencias literarias, poéticas y cinematográficas. París se ha granjeado a lo largo de la historia todo tipo de reputaciones y, posiblemente, merezca todas ellas: la más romántica del mundo, la más culta, la más refinada... pero por muy largo que sea el etcétera de apelativos y adjetivos que se le han asignado, siempre se le quedan cortos.